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Rupturas

Muchos de los que lean esto seguramente hayan pasado por una ruptura amorosa. La mayoría son dolorosas, literalmente hablando, existen un componente real en lo que se conoce como corazón ‘roto’, que se somatiza en el cuerpo, aseguran neurocientíficos. ¿Existe algún remedio efectivo para superar este mal trago?

Investigadores de la Universidad de Colorado sugieren que superar una ruptura sentimental es tan sencillo como convencerse de que se ha superado. Para ello realizaron un experimento utilizando un placebo que hizo creer a los participantes que estaban tomando un remedio para calmar sus males.

“Solo el hecho de creer que estamos haciendo algo por superarlo puede ayudarnos a hacerlo”, explicaba Tor Wager, autor principal del estudio y profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Colorado. Los placebos suelen ser remedios efectivos en otros ámbitos de la medicina y se utilizan en multitud de casos en los que se trata de calmar fuerte dolores físicos. Todo está en creer que lo que estamos haciendo conducirá a una pronta solución del problema.

Investigaciones anteriores han encontrado que simplemente el hecho de pensar que algo (generalmente un placebo) ayudará a aliviar el dolor hace que el cerebro libere más endorfinas, que actúan como analgésicos naturales.

Wager ha estudiado sus efectos durante 15 años y ha llegado a la conclusión de que también son efectivos, clínicamente hablando, cuando se trata de dolor emocional provocado por una ruptura. En el estudio, publicado en el Journal of Neuroscience, el equipo de investigación examinó a un grupo de 40 voluntarios que experimentaron una “ruptura romántica no deseada” en los últimos seis meses. Se pidió a los participantes que trajeran una foto de su ex y una foto de un buen amigo del mismo género a un laboratorio de imágenes cerebrales en el que Wager y sus colegas realizarían exploraciones por resonancia magnética funcional.

Primero, se les mostró a los participantes fotos de su ex y les pidieron que recordaran la ruptura Acto seguido se les mostraba la imagen del amigo que habían traído. Durante todo este espacio de tiempo, los investigadores administraron dolor físico a través de un estímulo de calor en el antebrazo izquierdo de forma repetida mientras realizaban un seguimiento de la actividad cerebral de los pacientes. La conclusión fue que las regiones activadas durante el dolor físico y emocional eran similares.

Entonces, los investigadores pasaron a la siguiente fase del experimento: probar el efecto placebo. Para ello, dieron a los participantes un aerosol nasal; A la mitad se les dijo que era un “poderoso analgésico efectivo en la reducción del dolor emocional” y la mitad de ellos se les dijo que era una solución salina simple. La resonancia reflejó que el placebo tuvo un poderoso efecto sobre la ‘cicatrización’ de la angustia. Los participantes mostraron un aumento de actividad en la corteza prefrontal dorsolateral del cerebro (un área involucrada en la regulación de las emociones) al mismo tiempo que las áreas del cerebro vinculadas al rechazo mostraron menos actividad.

Después de tomar el placebo, los participantes se mostraron más felices cuando la sustancia gris central o sustancia gris periacueductal del mesencéfalo mostró mayores niveles de actividad. Esta es conocida por regular los niveles de opioides (analgésicos químicos del cerebro) y la dopamina, junto con otros neurotransmisores que provocan que las personas se sientan bien. Wager cree que el placebo es lo que llevó a la liberación de estos productos químicos en el cerebro.

En definitiva, el estudio nos ayuda a reconocer que la angustia es real y que junto a las emociones exite un dolor físico real, pero que puede ser aliviado. Wager y sus colegas proponen con su investigación que una de las mejores maneras de superar una ruptura es engañarnos para superarlo. En otras palabras, hacer lo que creemos que nos ayude a mejorar seguramente funcionará