Hace pocos días la agencia AECOSAN (Agencia española de Consumo, Seguridad alimentaria y Nutrición), dependiente del ministerio de Sanidad, comunicó en una escueta nota que por el momento no se tiene noticia de que hayan llegado huevos holandeses o belgas contaminados con fipronil. De momento ya son 16 países Europeos (Holanda, Bélgica, Alemania, Reino Unido, Francia, Luxemburgo, Rumanía, Dinamarca, Italia, Polonia, Irlanda, Eslovaquia, Eslovenia, Suecia, Austria y Suiza) y Hong Kong los que han detectado la presencia de fipronil en huevos comercializados.

No se descarta que la lista siga creciendo y de momento ya ha y dos personas detenidas en Holanda por vender este insecticida a granjas mezclado con otros compuestos, lo que constituye un fraude. Sin embargo, hay una cierta confianza en que el problema no alcance a España. El motivo es que nuestro país es uno de los principales productores y exportadores de este producto, junto con Polonia y Holanda, foco de la contaminación, por lo que es improbable que recibiera huevos del extranjero, ni siquiera a través de grande superficies de procedencia extranjera como Lidl, Aldi o Carrefour, por ejemplo.

Imposible en grandes superficies

Cristobal Roldán, responsable del grupo huevero zaragozano Granja San Miguel, que abastece a los supermercados antes citados además de otros, asegura que “es totalmente imposible una entrada masiva de huevos contaminados a través de las grandes superficies, porque la política de estas en España es comprar al productores locales, ya que es un producto abundante y accesible”.

“Por razones de logística y ahorro es lógico que se adquiera en España, donde además existen unos cuantos los grupos especializados en grandes producciones”, asegura Roldán. No obstante, añade que esto no quiere decir que en un mercado tan globalizado con el europeo sea imposible encontrar en puntos de venta menores algunas partidas de huevos contaminados: “podrían entrar por importadores menores o minoristas, ya que es muy difícil de controlar el tráfico de mercancías”.

De todos, Roldán cree que incluso estos hipotéticos casos de pequeñas importaciones son altamente improbables por razones económicas, “porque garantizar la estabilidad y la higiene en los huevos cuando no trasportas grandes cantidades es muy caro y muy complicado”. Pero por si acaso, como prevención, recomienda leer la etiqueta de los huevos para asegurarnos de que no han sido importados.

Cómo leer el código de los huevos

El código que aparece impreso en la superficie de la cáscara de los huevos es un protocolo d obligatorio respecto en el entorno UE y, entre otras cosas, nos indica el país de origen de los huevos, por lo que leyéndolo podremos saber si el huevo es español o no. La siguiente ilustración explica claramente cómo leer el código de los huevos:

 

 

Preocupación por los elaborados con huevo

Otro cantar es el de los productos elaborados industrialmente con huevo o subproductos del huevo. Según los datos del Centro Internacional de Comercio, España importó en 2016 algo más de 4.500 toneladas de huevos desde Holanda; en esa cantidad, se incluyen todos los huevos de ave con o sin cáscara, yemas de huevo, frescos, secos, conservados, cocidos en agua o vapor.

Muchas de estas importaciones iban destinadas a elaborar salsas, estabilizantes para bollería, pastelería, helados y muchos otros alimentos, por lo que la probabilidad de que se pueda encontrar fipronil en productos elaborados no se debe descartar. A este respecto, FACUA ha reclamado al ministerio de Sanidad que haga una lista de productos que podrían contener este insecticida y no se limite a constatar que no hay huevos holandeses.

FACUA destaca en su comunicado que dos proveedores luxemburgueses de comida preparada, Caterman y Carnesa, han retirado algunos de sus productos, tras conocer que varias partidas de huevo líquido que recibieron “procedían de una explotación contaminada”.

A este respecto, Cristobal Roldán añade que aunque “la presencia de fipronil seguramente serían solo trazas”, el riesgo de presencia de fipronil en elaborados industriales no se puede descartar si se tiene en cuenta que “la gran matriz que comercializa subproductos del huevo en Europa es holandesa y puede perfectamente haber llegado a acuerdos con grandes grupos alimentarios para proveerle”.

En tal caso, los productos podrían estar extendidos por todo el continente. El fipronil, considerado por la OMS moderadamente tóxico, no tiene por qué afectar a nuestra salud si ingerimos pequeñas dosis, como podría ser en una tortilla diaria, pero puede tener efecto acumulativo y se desconoce desde cuándo se está tratando a las gallinas con este producto. Fuentes del gobierno belga aseguran que Holanda conocía la situación desde noviembre de 2016.